Supongo
que usted también vivió esa época en la que lo único que importa son las
amigas, los amigos, las fiestas y demás. ¿El colegio? ¿Para qué? Eso no sirve
para nada, decía con convicción. Yo también quise irme de casa, yo también
planee vivir con alguna amiga, yo también dije “te odio”, yo también mentí y
dije que estaría haciendo trabajos un viernes, yo también preferí una salida a
rumbear que una tarde con mi familia, yo también la embarré. ¿Sabe qué es darse
cuenta de que uno se está hundiendo? ¿Sabe qué es sentirse externo a la
familia? Uno como hijo nunca va a entender la lógica de los padres, pero si de
algo estoy segura es que como ellos nadie. Cada uno de los seres humanos
deberíamos ser conscientes de la muerte, de que algún día ese ser amado se irá.
Me preguntan a diario ¿estás enamorada? ¿Te gusta alguien? Y con seguridad
respondo sí, estoy enamorada de mi familia, estoy enamorada de la vida, me
encanta estar con ellos y si algo quisiera en este mundo es que nunca se
marcharan. Me siento afortunada de tenerlos a mi lado, con orgullo digo “ellos
son mi talón de Aquiles”.
De nuestros días y otras historias
domingo, 26 de mayo de 2013
Reflexione
Me hacías sentir bien, me hacías sentir plena, me hacías reír, tú me
entendías... de hecho tú me entiendes. En ese entonces mi cabeza no era más que
un laberinto lleno de pensamientos que no encontraban salida, no he encontrado
la manera de desahogarme, en ese entonces era yo y mi cabeza, dos miembros
diferentes, no encontraban entenderse. Yo me repetía una y otra vez,
“tranquila, esto le pasa a todo el mundo, pronto se te pasará a ti también” y mírenme
dos años después con la misma confusión en mi mente. ¿Los tiempos han cambiado?
¿usted está seguro de lo que me está diciendo? Si los tiempos hubieran cambiado
yo no estaría aquí sintiéndome diferente a usted y usted no estaría del otro
lado mirándome de esa manera. Reflexione... los tiempos no tienen que cambiar,
el que tiene que cambiar es usted.
Cada vez más dañada
Oiga es curioso que en el mundo en el que vivimos lo único normal sea
comer, yo me siento sumergida todos los días, sí, es como si hubiera nacido
integrada, sin un lugar en el mundo pero preparada. Recuerdo ese día, lo había
esperado durante bastante tiempo, ansiedad, miedo, curiosidad, mucha
curiosidad... recuerdo que le pregunté a cada una de mis amigas como me veía
mejor, ellas no sabían que lo único que me preocupaba era que usted me encontrará
linda. Es extraño sentir esa sensación de que algo se está haciendo mal, pero
qué más da... toda mi vida he hecho las cosas al revés y usted seguramente será
mi error preferido, mi error más comentado, ese error que querré repetir en
algún momento de mi vida. Usted... me cuestiono a diario ¿por qué usted? y no
una persona que los demás puedan aceptar, ¿por qué usted? y no un hombre del
común, ¿por qué sus ojos? ¿Por qué su boca? ¿Por qué su pelo? ¡Mierda! repito a
diario cuando pienso. Dígame, sea
sincera... ¿Se acuerda de que me acerqué y con la mirada le dije cuanto
anhelaba ese momento que estaba pasando frente a mis ojos? ¿se acuerda de cuánto
la mire esa noche? ¿Se acuerda de la cantidad de risas que usted provoco en mí?
Dígame, dígame que se acuerda... No, no se acuerda y repito una y otra vez
¡maldita sea! Detesto el amor porque regala emociones y... me niego a sentir,
me niego a demostrar, me niego a acercarme.
Usted es esa esperanza que no quiero dejar morir, usted es ese cielo que
quiero tocar, usted es la mierda, usted me hace vulnerable, usted me
descontrola... siempre me pasa lo mismo, me fijo en la persona equivocada y
termino dañada, cada vez más dañada.
De pronto
De pronto, si hubieras
escuchado el perdón que necesitabas a tiempo, no te habrías desquitado conmigo.
Probablemente, si en lugar de recibir la sinceridad que merecías no hubieras
soportado engaños, yo no habría sufrido la peor de tus mentiras. Y lo más
seguro, es que si te hubiera perdonado a tiempo, no estaría caminando sola
camino al supermercado.
Podría pasar un año por cada
mes que estuvimos juntos hablando de tus errores y de los míos. Podría perder
el tiempo pensando que pudo ser mejor, que alguna vez lo fue. Pero es que no me
queda tiempo, me lo gasto todo fantaseando que regresas. Imagino que estoy a
punto de abrir la puerta sin saber si lo primero que haré será ponerme en
puntas de pie para darte un beso o simplemente sonreír y quedarme a vivir en
tus brazos. Por siempre y para siempre.
Quizás aún sea difícil para ti
despertarme antes de las 11 los domingos, seguramente se me van a seguir
saliendo las malas palabras y volveremos a llegar tarde al cine por mi culpa. Tú,
a lo mejor vas a seguir siendo el mismo psicorrígido que come a las siete de la
noche en punto, revisarás tu correo cada cuatro minutos por sí de pronto ya está
cerca ese accesorio para el celular que mandaste a traer de Marte.
Toda nuestra historia resumida
en probabilidades inútiles, estamos jodidos. Todos nuestros sueños reventados,
las ganas de luchar en desacuerdo y el amor en tela de juicio. Si me preguntas
si duele, la respuesta es no, no me duele. No me importa haber tenido que pagar
los platos rotos, compartir tu atención, perderla, llorarte, que me hayas visto
con uno, con dos o con tres por dolor, después decirte "Es tarde", y
perdonarte para después ver cómo aplicas con otras lo que aprendiste conmigo.
No importa. En medio de los enredos, las escenas dramáticas, ellas, ellos, tus
dudas, las mías, tus miedos y los míos, por fin entiendo que todo tenía que
suceder así. De otra manera, yo no estaría aquí tan serena, segura de volver a
compartir mi cepillo de dientes contigo. No te das cuenta de que el pasado, no
es más que una prueba de que nada vale más la pena que nosotros.
Nunca te dije que te amo, pero
te horneaba tortas de chocolate para cuidarte los dolores de estómago, ¿Eso es
no es amor? Sí, nunca lo dije, pero hoy te lo escribí en un papel, para que no
lo olvides nunca.
Solo necesitamos ponernos de acuerdo
y decidir tener lo que solo tú y yo hemos soñado, pero probablemente nos joden
las probabilidades. Tranquilo, mi amor, si es importante lo pensarás, si es
puro, tú también nos perdonarás y si de verdad me quieres volverás.
Entre el sol de la mañana y la luna de la noche
Yo amo a mis abuelos, los
amo con todo el corazón porque son las mejores personas que conozco, son ese
toque mágico y alegre que hacen mi vida tan maravillosa. Son esas personas que
te dan $20.000 para comprarte un dulce, son esas personas que ya fueron padres
que criaron a sus hijos, y que ahora se dedican a malcriar a los hijos de sus
hijos.
Mis abuelos tienen una finca
hace más de treinta años, la compraron con mucho esfuerzo con la esperanza de
que fuera el lugar de reunión de la familia y el lugar perfecto para la
diversión. Yo no tengo tantos años como los tiene la finca, pero desde pequeña
me han traído aquí, casi que nazco aquí, con eso les digo todo. No era sino que
fuera viernes después del colegio, para que mis abuelitos estuvieran
esperándome en esa enorme camioneta para partir hacia el que para mí era mi
lugar favorito. Y, ¿cómo no iba a serlo
si era el sitio donde estaban mis escondites preferidos, mis animales, mis
juguetes y mis secretos?
En la finca de mis abuelos
fui feliz, aprendí a amar y respetar lo que para mí es lo más grande del mundo;
la naturaleza. Recuerdo a mi abuela enseñándome a sembrar árboles, a mi abuelo
enseñándome a ordeñar y no quedaba más que reír y ser feliz. Aún vengo, no con
tanta frecuencia claro, pero lo hago. Ya no juego en la casa de muñecas y no
porque no quiera sino porque ya no quepo, ya no siembro árboles, ya no me
escondo, ya he perdido un poco de lo que tanto amaba antes. He crecido y con la
edad he ido cambiando mis prioridades y mis gustos, pero sí hay algo que nunca
dejaré de disfrutar al venir aquí, es ver a mis abuelos reír, despertarme con
el canto de los pájaros o con el saludo efusivo de los perros, sobre todo
siempre sabré ser inmensamente feliz estando entre el sol de la mañana y
la luna de la noche de mi lugar favorito.
El día en que la soledad me abandonó
Un cuatro de marzo de 1993 nací yo, no era nadie especial ni
sobresalía entre la gente. Bueno, eso era lo que yo pensaba. Fui creciendo pero
me sentía un poco sola, en casa eramos solo papá, mamá y yo. No puedo decir que
era infeliz ni nada de eso, pero había algo que me hacía falta.
Un día cualquiera iba camino a casa de mi abuelo como en
cualquier otra ocasión, pero hubo algo que llamó mi atención y tuve que detenerme un instante. Había allí
en ese parque por el que pasaba una feria de mascotas. ¡Cómo anhelaba yo una!
Pero de inmediato recordé que mi mamá no los permitía en casa.
Seguí observando a esas criaturas peludas que cada vez me
gustaban más, pero hubo una en especial (y por motivos que aún no entiendo),
que cautivó mi corazón. Un cachorro blanco con machas cafés que me miraba mientras
batía su colita. ¡Lo quería, como lo quería! Y entonces volvía a mi cabeza la
imagen de mi mamá diciendo una y otra vez que yo jamás podría tener un perro en
casa, que para eso estaba la finca de los abuelos. ¿Qué podía hacer? Pensaba
yo.
Un arrebato de locura me llevó a cometer el mejor error de mi
vida, la peor desobediencia del mundo; llevar a Manchas, mi nuevo mejor amigo,
a casa y así llegó el día en que la soledad me abandonó. Si quieren saber qué
pasó con mi mamá, pues deben saber que ese perro la miró a ella con el mismo
amor con el que mi miró a mí aquella vez en el parque, y la enamoró como solo él
sabe hacerlo.
Si algún día me canso de ti
Ciertas veces trato de
imaginarme, de figurarme cómo sería mi vida si no te hubiera conocido, o si
simplemente no estuviéramos juntos ahora. Pero ¿te confieso algo, amor mío? No
puedo, no lo logro, ¿Cómo voy a poder verme sin ti si es que tú me salvas de
esa vida de la que tanto busco escapar? No puedo pensar en mí sin ti, porque
ahora tú eres como parte de mí. La parte que me convierte en la protagonista de
la historia más linda jamás contada.
Varias veces me preguntan
que si no me aburro de ti, que si no se me ha vuelto costumbre verte, y yo
pienso si es que acaso ellos dejan de querer a su familia por verlos
frecuentemente, o por haberlos conocido de toda una vida. Entonces la respuesta
se vuelve obvia: no, no me canso de ti, todo lo opuesto, aprovecho cada día que
la vida me regala a tú lado para aprender cosas, para crecer como persona y
vivir las mejores aventuras juntos. Creo que si algún día “me canso de ti”, es
porque he dejado de quererte, se ha perdido la magia, solo te digo que dudo que
eso pase mientras tú sigas siendo lo mejor que hay en mi vida.
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