No sé qué tan insensible
piensen que soy por lo que voy a decir, pero es que realmente estoy convencida de
que el día de las madres es un invento del capitalismo. Bueno, por lo menos lo
es en la actualidad. ¿No se han fijado que cuando va a empezar una fecha como
estas, los medios de comunicación privados nos invaden con publicidad barata
que dice que las sonrisas de nuestras mamás se “compran” con una licuadora, un
carro, una Tablet, o lo que sea que quieran vender? Bueno, si su respuesta fue
afirmativa seguro me darán la razón, ¿por qué no puedo hacerle el desayuno a mi
mamá, o darle una linda tarjeta sin necesidad de empeñar mi casa y mis
pertenecías para comprarle un celular de última tecnología?
No entiendo por qué la gente
se empeña en perder el tiempo buscando el regalo perfecto para mamá, y no se
dan cuenta de que ellas son felices con un abrazo, un detalle, un día dedicado
a ellas, a consentirlas, a quererlas. Las madres solo reclaman un momento de
atención en medio de un mundo conectado todo el tiempo con la tecnología, y
donde pareciera que nuestro único amigo viviera confinado en un aparato conectado
constantemente a la electricidad. El día de la madre nació como un
reconocimiento al mejor “trabajo” del mundo, ese que solo ellas saben darle a
sus hijos, un amor que no se explica desde lo terrenal, un amor que todo lo
puede y no conoce fronteras, pero su día debe durar los 365 días del año porque
ellas nunca terminan de ofrecernos lo mejor a nosotros sus hijos.
Esta es la invitación que
les hago, a querer a sus mamás hoy y siempre, y no dejar que las cosas
materiales intenten suplir el cariño que ellas esperan de nosotros. Madres… no
encuentro un mejor invento, ni en todos los siglos de la historia, ni por más
avanzado que pueda ser, nada nunca logrará siquiera parecerse a la grandeza que
ellas representan en nuestras vidas, esa grandeza que algún día espero que
también reconozcan mis hijos en mí.
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